martes, 10 de febrero de 2009

ANTiGÜEDADES


A una periodista de El País, muy “modelna” ella, que ha debido hacer su aprendizaje en la escuela “tonti-pijo-fashion” del suplemento dominical, mamando en las ubres culturales de Maitena y otros genios de la comunicación; a esta periodista, digo, le ha hecho mucha gracia que, en la primera reunión del Consejo Político de Izquierda Unida, Cayo Lara haya hecho una cita, no precisamente literal y un poco excesivamente actualizada, acerca de un contenido bastante más amplio que se encuentra en el tomo III, capítulo 30, de “El Capital” de Marx.

La frase en concreto dice: “Los propietarios del capital estimularán a la clase trabajadora para que compre más y más bienes, casas, tecnología cara, empujándoles a contraer deudas más y más caras, hasta que la deuda se haga insoportable. La deuda impagada llevará a la bancarrota de los bancos, los cuales tendrán que ser nacionalizados”.

No es precisamente la falta de literalidad de la cita lo que ha llamado la atención de la periodista. ¡Menuda antigualla! viene a decir Doña Vera Gutiérrez Calvo en el primer diario nacional. ¡Qué retro!, ¡qué cutre!, ¡qué casposo! ¡una cita de hace 142 años! Otra cosa sería si la hubiese tomado del mediático y optimista Leopoldo Abadía y su crisis ninja, que lleva cuatro ediciones de su libro sólo en este mes de enero de 2009. ¿Pero de Carlos Marx? ¡Uy, qué obsoleto!

Mucho más pasada de moda le parecerá a la periodista la cita que voy a enjaretarles ahora. Esta si es literal. Escuchen: “Acostúmbrate a pensar que la muerte nada es para nosotros. Porque todo bien y mal reside en la sensación, y la muerte es privación del sentir. Por lo tanto, el recto conocimiento de que nada es para nosotros la muerte hace dichosa la condición mortal de nuestra vida, no porque le añada una duración ilimitada, sino porque elimina el ansia de inmortalidad.”

Estas palabras tienen más de 2.300 años. Las escribió Epicuro en su “Carta a Meneceo”. Y tiene razón, como la tiene Carlos Marx, digan lo que digan Berlusconi y el papa.

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