miércoles, 11 de junio de 2008

65 HORAS SEMANALES


En el Congreso de partidos socialistas que se celebró en la sala Petrelle de París entre el 14 y el 20 de julio de 1889 y que dio origen a la fundación de la Segunda Internacional, se aprobó el sábado 20 de julio una resolución llamada a conocer “la mas prodigiosa fortuna”, en palabras de Emile Vandervelde.


Esa resolución decía: “Se organizará una gran manifestación internacional con fecha fija, de manera que, en todos los países y ciudades a la vez, el mismo día convenido, los trabajadores intimen a los poderes públicos a reducir legalmente a ocho horas la jornada de trabajo y a aplicar otras resoluciones del Congreso Internacional de París”. Esta resolución fue el origen del primero de mayo como día internacional de la clase trabajadora que se celebra desde 1890.


Han pasado desde entonces, 118 años.


En la primera reunión de la recién creada OIT, que se celebró en Washington entre el 29 de octubre de 1919 y el 27 de enero de 1920, se aprobó, entre otros, el Convenio nº 1 de dicha organización, por el que se limitaban las horas de trabajo en las empresas industriales a 8 horas diarias y 48 semanales. Claro que ya en 1917, se había producido la primera revolución socialista triunfante y había que calmar los ánimos de los trabajadores de los países industrializados que habían servido de carne de cañón en la gran matanza de la primera guerra mundial.


España ratificó ese Convenio de forma provisional el 24 de mayo de 1928 y de forma definitiva, ya con la República, el 1 de mayo de 1931. El Convenio nº 1 de la OIT tiene casi 89 años.


Y ahora resulta que en junio de 2008 los ministros de empleo de la Unión Europea aprueban por mayoría cualificada una nueva directiva de tiempo de trabajo que permite ampliar la jornada a 65 horas semanales.


¡Estarán contentos los jodidos europeos votando gobiernos de derechas!


Si la Confederación Europea de Sindicatos y las organizaciones que la integran y la apoyan no dan una patada que haga temblar los cimientos de la vieja Europa, la confederación y sus adláteres pueden ir pensando en marcharse a la mierda. Y la Europa del encarcelamiento de emigrantes, de los beneficios para el capital y el sacrosanto libre mercado con ella de la manita y por el mismo camino.

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