martes 30 de noviembre de 2010

LA EMBAJADA DE EEUU


Yo no sé si los oyentes recuerdan una vieja canción de Ángel Parra que se titulaba “Los embajadores”. Tenía una letra curiosa:


Las embajadas son como espadas
que están clavadas en la ciudad.
Tienen jardines que son mononos
y secretarios que como monos
cortan el pasto de la mansión.


Seguían en el mismo estilo varias estrofas, alguna de las cuales todavía recuerdo:


Estos palacios están muy lacios,
nadie respeta la tradición
de caballeros muy bien planchados
y perfumados que meten goles a mi nación.


Y terminaba:


Por fin señores, las embajadas
cada cinco años en Washington
reciben pagos por los servicios
que le han prestado a esa nación.


La canción me ha venido a la memoria con las últimas revelaciones de Wikileaks: de los famosos 250.000 documentos obtenidos, 3620 son de la Embajada Estadounidense en Madrid y de ellos 103 son secretos y 898 confidenciales y demuestran que los tres embajadores de los últimos 6 años se han dedicado a presionar, cuando no a espiar, a todo quisque en este país, desde el Rey, Zapatero, Rajoy, González o Aznar, hasta ministros, jueces, fiscales, empresarios y representantes de todas las instituciones del estado. Mientras aquí nos rompemos la cara por un trocito de soberanía y por una transferencia de más o de menos, con el “amigo americano” somos mucho más condescendientes y el patriotismo, constitucional o no, se vuelve “wash and wear” como las camisas.


El señor embajador amenaza con perder la paciencia y aquí se achanta hasta el gato. Desde luego, calientan poco las brasas de Numancia y a Viriato se le arruga hasta el pomo de la espada.