miércoles, 30 de enero de 2008

MORIRSE



Un Auto de la Auto de la Audiencia Provincial de Madrid ha venido a dejar clara, por fin, la total inocencia y el buen hacer profesional del doctor Luís Montes y su equipo de urgencias en el Hospital Severo Ochoa de Madrid. Menos mal. Brindo también con el personal sanitario que ayer aparecía celebrándolo en todos los periódicos.


Pero a mi juicio el Auto, con ser bueno, no basta. ¿Qué sucede con el enorme perjuicio que se ha causado a estos profesionales a los que se tachó nada menos que de asesinos? ¿Qué sucede con los puestos de trabajo perdidos, los humillados, los trasladados? ¿Qué sucede con casi tres años de tortura y persecución contra unos profesionales honestos? ¿Qué pasa con Jiménez Lozanitos, Cesar Vidal y Cristina López que llamaron a los médicos terminators, diosecillos, nazis, homicidas, mafias, sectarios y asesinos? ¿Qué coño pasa con la emisora de los obispos, especialista, al parecer, en la mentira y la calumnia? ¿Qué pasa con la repelente sonrisa del Sr. Lamela y la cara y la carota de Doña Esperanza Aguirre? ¿Qué pasa con la privatización de la sanidad pública que era el verdadero objetivo de esta operación repugnante? ¿Qué pasa con el dolor de los enfermos a los que la infame campaña ha prolongado el sufrimiento?


Yo, que quiero morirme como le hubiera gustado a García Lorca,


“Compadre, quiero morirme
tranquilamente en mi cama
de acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda”


Me pregunto cuanto costará el equipo de abogados que defendió a Jesús Polanco cuando esta misma gentuza quiso hacerle la puñeta. Un médico no gana mucho. Estos profesionales deberían contar con la colaboración de todos los que queremos morirnos decentemente, para sentar a los canallas en el banquillo. Que cuenten con la mia.

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